“Brothers and Sisters of the Eternal Son” (2014), de Damien Jurado

Artículo originalmente publicado en Fronterad (25 de enero de 2014)

Un 21 de enero de 1997 Damien Jurado publicaba su primer álbum, “Waters Ave. S.”, con el respaldo del sello Sub Pop. Empezando por la portada de su debut y siguiendo por las quebradizas composiciones que ocultan furtivamente sus primeras entregas, la música de Damien Jurado destila desde sus comienzos un enigmático halo de melancolía y misterio semejante al que transmiten las canciones de Nick Drake o de otros compositores contemporáneos, como Sharon Van Etten, Josh T. Pearson o David Bazan. Muchas cosas han cambiado desde que aquel joven imberbe de Seattle aterrizara en el casi siempre espinoso mundo de la música hasta el lanzamiento de su undécimo trabajo catorce años después, precisamente un 21 de enero, esta vez de 2014. Sin embargo, sus once álbumes de estudio hasta la fecha se resguardan sin complejos dentro de la etiqueta de folk intimista y atemporal que ha ido impregnando, en mayor o menor medida, su prolífica obra a lo largo del tiempo. 

En “Brothers and Sisters of the Eternal Son” (Secretly Canadian, 2014), su flamante entrega, ese folk introspectivo se combina con un sonido más intrincado. Durante la primera parte del disco la reverberación se erige como principal protagonista, escoltada por múltiples (y difusas) capas de sonido, para abrazar con cierta suntuosidad la psicodelia más amena. Porque si bien es cierto que parte de su esencia ha permanecido intacta con el paso del tiempo, la labor de Richard Swift (The Shins, Foxygen) como productor en los tres últimos trabajos, además de como multiinstrumentista, ha ensanchado  la identidad sonora del experimentado songwriter estadounidense, haciéndole consciente de determinadas potencialidades que sus creaciones, ávidas probablemente de una visión exterior, venían ocultando desde hace algún tiempo. La simbiosis vital entre Damien Jurado y su productor alcanza aquí su mayor esplendor y complejidad hasta la fecha, desembocando en un aura de medida espiritualidad –implícitamente religiosa o no–  que purifica la mayor parte del disco (“Magic Number”, “Silver Timothy” o “Return to Maraqopa” o “Jericho Road”). De manera similar lo percibe también su amigo Josh Tillman (Father John Misty) en una especie de ensayo a modo de hoja promocional, donde afirma que “Damien Jurado ha inventado su propio Jesús porque el álbum de Damien Jurado necesita un Jesús bello. Un Jesús de un espacio extraño que yo no reconozco. El nombre es el mismo, la mayor parte de la imaginería es la misma, pero ha resucitado. Sí, como si Jesús hubiera nacido otra vez. Así es como este álbum suena”. Quizás no nos vendría mal a los españoles reflexionar sobre este acercamiento tan sincero, particular y espontáneo a la religión, sin entrar a discutir que existan motivos históricos que justifiquen nuestro escepticismo.

En el segundo tramo del álbum tanto el sonido como el tono de la narración se aproximan más al preciosismo pop-folk propio del resto de su discografía. En “Silver Katherine” el legado del sonido Laurel Canyon que representaron formaciones como Crosby, Stills, Nash & Young –y revitalizado hoy por músicos del talento de Jonathan Wilson o bandas tan brillantes como Dawes– emerge con distinción desde las armonías vocales. “Silver Joy” es una balada acústica marca de la casa que encajaría en cualquier parte de la discografía del de Seattle. Como colofón, “Suns In Our Minds” sorprende por su relativa luminosidad (“and when you go, that is all, you’ll be back tomorrow”) y unos sintetizadores pop que cierran el disco dejando una vez más la puerta entreabierta a nuevos sonidos.

Esta colección de canciones pretende además funcionar, como su anterior “Maraqopa” (Secretly Canadian, 2012), como un todo, aparentando reivindicar esa forma estrictamente conceptual de entender un elepé que todavía hoy distingue a clásicos como “Dark Side of the Moon”, “The Wall” o “Quadrophenia”. Según ha explicado el artista durante la promoción, la idea de facturar otro álbum conceptual no sobrevoló su mente hasta el último momento; de hecho, Damien había reunido una serie de canciones independientes con la intención de que conformasen su próximo disco. Días antes de dirigirse al estudio de Swift para grabarlas, una conversación con un amigo le hizo ver que realmente no tenía ganas de inmortalizar en una grabación este material, en el que apenas confiaba. Fue entonces cuando su amigo le sugirió retomar la historia inacabada de “Maraqopa”, y el músico, atraído la propuesta, comenzó a trabajar en las piezas que ahora podemos degustar. Su nueva obra se presenta así como una secuela de la anterior. Si “Maraqopa” trataba acerca de un hombre que desaparece voluntariamente en el desierto, “Brothers and Sisters of the Eternal Son” es una continuación de ese viaje, en el que desaparece de sí mismo y tiene que volver a reencontrarse con todo. Sospecho que es dentro de esa evocadora incomprensión, y del afán de no ponerse las cosas fáciles ni a uno mismo ni, por lo tanto, al oyente, donde reside gran parte del valor y la belleza de esta ambiciosa propuesta de poco más de media hora de duración que requiere, como casi todo lo realmente valioso, tiempo y dedicación.

No debe ser casualidad que Paolo Sorrentino, director de cine italiano artífice de ese canto a lo terrenalmente divino titulado “La gran belleza”, utilizase una de las canciones de Damien Jurado, “Everything Trying”, en uno de los pasajes de su laureada película. Porque tanto Sorrentino como Damien Jurado, aunque desde ópticas diferentes, persiguen cada día representar las imágenes que quizás, quién sabe, den algún día sentido a su existencia. A menudo, sin seguramente pretenderlo, logran dar sentido a la nuestra, a nuestro espíritu errante. Y es que hay algunos que casi siempre aciertan. Por suerte o por desgracia, no solemos ser nosotros, que seguiremos deambulando a la deriva, en las butacas del cine o en una boca de metro, como meros espectadores.

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Apuntes desde el Medio Oeste (I)

Artículo originalmente publicado en Fronterad (2 de noviembre de 2013)

Apenas han pasado dos meses desde que me trasladé a un pequeño pueblo del  Midwest, en el estado de Minnesota. Trabajo como Spanish Language Assistant en Carleton Collage, además de estudiar una asignatura cada trimestre como part-time student. Cada día dedico un mínimo de tres horas a enardecer los deseos de hablar español de los estudiantes. No es tarea fácil esclarecer los anhelos que sobrevuelan las mentes de los hijos de la clase alta -y fervientemente demócrata- estadounidense. Como proyecto de sociólogo y politólogo, dudo que en el futuro tenga una oportunidad de realizar tantas horas de observación participante como ésta. Hemos debatido sobre algunos de los cleavages políticos de la historia reciente de Estados Unidos, como son la cultura de las armas o el aborto, o sobre asuntos más cercanos para los estudiantes, como el debate sobre la libertad de expresión en las universidades, o acerca de la idoneidad de introducir ciertas cuotas para las minorías en los procesos de admisión a las universidades. Aun así, uno siempre encuentra dificultades para entender la lógica interna que guía a un país repleto de contradicciones. Pero no todo es acervo político e intelectual. La falta de interés por parte de los estudiantes, generalmente asociada a la falta de de horas de sueño –la mayor parte asegura que duerme cuatro o cinco horas de media debido a la carga de trabajo-, me ha llevado a recurrir a juegos de infancia como Tabú o ¿Quién es quién? para rellenar espacios en los que la conversación se tercia imposible.

Durante algunas semanas también trato de ayudar a los estudiantes de los niveles más avanzados de español con sus ensayos. Las asignaturas suelen gozar de un temario bastante específico, y en algunas ocasiones se vislumbran perspectivas razonablemente subversivas. Una de las peculiaridades de los Liberal Arts Colleges es, además del reducido tamaño de las clases y de la continua interacción profesor-alumno, la variedad de asignaturas impartidas, así como el hecho de no tener que escoger tu major (grado, en términos Bolonia) hasta el final de tu segundo año. La idea resulta en un principio muy atractiva: dos años –seis trimestres en este Collage- de universidad en los que, además de poder degustar diversas disciplinas, tienes la oportunidad de adquirir un conocimiento manifiestamente holístico. Sin embargo, me surgen dudas acerca de su viabilidad cuando algunos me confiesan sus dificultades para entender las ideas que encierran sus lecturas. Moishe Postone reinterpretando a Marx, David Harvey exponiendo su teoría del desarrollo geográfico desigual o la cuestión posmoderna según Judith Butler son algunas de las materias sobre las que tienen que reflexionar. Si a la dificultad obvia que supone el idioma le sumamos una posible falta de background en teoría sociológica, el resultado es, a priori, bastante incierto. No quiero posicionarme todavía sobre este tema, porque no conozco exactamente los requisitos para poder acceder a estas clases avanzadas de español, más allá del requisito lógico del idioma, pero trataré de averiguarlo con más exactitud.

No quiero con estas dudas dar a entender que el hermético planteamiento de la universidad en España, prácticamente desprovista de vasos comunicantes entre las humanidades y las ciencias y con unos planes de estudio (a menudo; es peligroso e injusto generalizar) obsoletos o mal estructurados, sea el modelo a seguir. Y, en cualquier caso, si hay algún tipo de desfase, prefiero que sea por exceso que por falta de exigencia, y más cuando estamos hablando, como en este caso, de estudiantes de probada excelencia académica. Independientemente de esto, el hecho de que un estudiante de química encuentre relevante y formativo una asignatura titulada Culture and Politics in India o de que un futuro ingeniero informático valore la importancia la teoría sociológica clásica no puede hacer más que entusiasmarme. Por otro lado, los estudios en Ciencia Política o Relaciones Internacionales son de los más demandados. No desaría caer tampoco en lugareñas y manidas comparaciones entre cualquier país extranjero, en este caso Estados Unidos, y España, tan en auge en nuestros días. Porque ni los españoles somos muy tontos, ni el resto muy listos. La cuestión creo que es, por una vez, relativamente sencilla: la estructura da pie a que la clásica dualidad letras-ciencias se rompa, generando que este tipo de razonamientos, patrocinados por inteligentes preguntas como “¿Y eso para qué sirve?” o “¿Pero cómo te vas a ganar la vida?”, se vengan abajo por su propio peso. En España, en cambio, la estructura todavía no lo permite. Perdonen el sesgo institucionalista en el último razonamiento.

En el próximo artículo pretendo profundizar más en el tema de las matrículas, y especialmente en los 58.149 dólares anuales que un estudiante paga por estudiar en esta universidad. Aparentemente, existe un sistema de becas, pero todavía no conozco con certeza su funcionamiento y cuantíaHe preguntado a diferentes profesores sobre este asunto con respuestas bastante contradictorias. En este enlace aparece información relevante con respecto a este tema, pero desconozco la fiabilidad de la fuente.

La verdad es que no sé cómo he acabado escribiendo este batiburrillo sobre asuntos tan tediosos. En un primer momento sólo pretendía justificar mi ausencia durante los últimos dos meses, alegando que mi repentina llegada (con fecha de caducidad) al mundo laboral me había mantenido algo alejado de ciertas costumbres. Las canciones, en cambio, adquieren durante este tiempo una resonancia y un colorido del que probablemente no podrán desprenderse jamás, y ese es el segundo motivo por el que empecé a trazar este caótico retrato, con la intención de compartir algunas de esas canciones. Martha Nussbaum, el First Avenue, las Twin Cities y demás tendrán que esperar a próximas entregas.

Es la una de la madrugada, y camino hacia casa después de un concierto. Una luz anaranjada emerge desde la ventana de una casa, y las sombras de cuatro personas se proyectan en el exterior con una sinuosidad lo suficientemente turbadora para causarme cierto escalofrío. De repente me encuentro inmerso en uno de esos cuentos gélidos y minimalistas de Raymond Carver, y siento que no debo seguir describiendo la escena, porque Raymond ya lo ha hecho por todos nosotros en infinidad de ocasiones. Sólo viviré aquí durante un año, pero más allá de poder vestir botas camperas, en noches así me pregunto cómo era este lugar hace 50 años, o cómo serán las sombras que surgen hoy tras la ventana dentro de 70 años. Y si a Carver le volvería a interesar retratarlo. Mercedes Álvarez, en El cielo gira, aportó hace tiempo algunas claves.

Mejores discos internacionales de 2012

Lista de Spotify: Mejores discos internacionales de 2012.  Por Luis Cornago Bonal (@LuisCornagoB)

the mastersons portada

1. The Mastersons “Birds Fly South” NEW WEST RECORDS

Mi reseña de su último disco tras el click (http://hyperbole.es/2013/03/the-mastersons-mas-necesario-que-nunca/)

the beac

2. Beachwood Sparks “The Tarnished Gold” SUB POP

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3. Father John Misty “Fear Fun” BELLA UNION

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4. Dry the River “Shallow Bed” RCA RECORDS

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5. Sharon Van Etten “Tramp” JAGJAGUWAR

6. Tame Impala “Lonerism” MODULAR

7. M Ward “A wasteland companion” BELLA UNION/MUSIC AS USUAL

8. Chuck Prophet “Temple Beautiful” YEP ROC

9. Jens Lekman “I Know What Love Isn’t” SECRETLY CANADIAN

10. Jack White “Blunderbuss” THIRD MAN RECORDS, XL RECORDINGS

11. Patterson Hood “Heat Lightning Rumble in the Distance” ATO

12. Bill Fay “Life Is People” DEAD OCEANS

13. Calexico “Algiers” CITY SLANG

14. Band of Horses “Mirage Rock” COLUMBIA

15. Fiona Apple “The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do” EPIC RECORDS

16. Redd Kross “Researching the Blues” MERGE RECORDS

17. The Wave Pictures “Long Black Cars” MOSHI MOSHI RECORDS

18. Andrew Bird “Break It Yourself” BELLA UNION/MUSIC AS USUAL

19. The Raveonettes “Observator” BEAT DIES RECORDS

20. Damien Jurado “Maraqopa” SECRETALY CANADIAN

Otros discos que deberían formar parte de la lista:

Neil Halstead “Palindrome Hunches” BRUSHFIRE RECORDS

Simone White “Silver Silver” HONEST JOHN’S RECORDS

Woods “Bend Beyond” WOODSIST

Colorama “Good Music” ANALOGUE ENHANCED DIGITAL (AED)

Richard Hawley “Standing In The Sky’s Edge” PARLOPHONE