DR. DOG, First Avenue, Minneapolis, 6 de febrero de 2014

Artículo originalmente publicado en la revista Ruta 66 (abril de 2014)

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En aquella gélida noche de febrero pocos se atrevían a pasear por las calles. Con las manos enguantadas en los bolsillos, y pretendiendo olvidar por unas horas el frío punzante del Medio Oeste, nos acercábamos al emblemático First Avenue para ver a Dr. Dog. En diversas ocasiones se ha elogiado desde estas páginas el proyecto de la banda de Filadelfia, y después de lo acontecido durante las dos horas largas de concierto me veo obligado a prolongar en el tiempo esas alabanzas. Con su octavo álbum, B-Room, la banda no ha hecho más que confirmar su paulatina trayectoria ascendente. Desde sus comienzos se han mostrado sobradamente prolíficos, sin vacilar a la hora de publicar material nuevo. Aun así, y al contrario de lo que sucede con otras muchas bandas, todos sus discos, sin excepción, han envejecido dignamente y pasarían hoy un exhaustivo control de calidad. Buena prueba de ello fue un concierto en el que se sumergieron en las distintas etapas de la banda. “Distant Light”, uno de los cortes de B-Room que mejor representan la inusitada calidez y ese desparpajo soul tan presente en su flamante álbum, fue la encargada de abrir la noche. Poco tardaron en empezar a rescatar algunos tesoros camuflados en sus primeras entregas, con medios tiempos como “County Line” o “Ain’t it Stranger”, donde sacaron a relucir esa mezcla de armonías pop y psicodelia  que tanto dulcifica su propuesta. En ambas canciones, y en otras como “That Old Black Hole” o “Shadow People”, el cantante y guitarrista Scott McMicken llevó a cabo un gran ejercicio de estilo, exhibiendo con gusto y naturalidad sus influencias. Si en la sólida y armoniosa “That Old Black Hole” son Brian Wilson y Wayne Coyne los que parecían merodear por el escenario, en “Shadow People” la voz de McMicken emergía melancólica a medio camino entre el Neil Young de After the Goldrush y el Jeff Tweedy de temas como “Say You Miss Me” o “We’re Just Friends”. Por el otro lado, su camarada Toby Leaman acaparó el protagonismo en “Nellie”, “Lonesome” o “These Days”, desnudándose emocionalmente a través de su enérgica y desgarradora voz que alcanzó su apogeo en su vertiente más épica con “Too Weak To Rumble”. Pero más allá de la dupla McMicken-Leaman encontramos una polivalente y curtida banda de rock’n’roll, aprendices de excepción del clasicismo pop y rock de aromas tradicionales (The Band, The Beach Boys, The Beatles, CSNY), en un momento de forma envidiable. Unos infatigables exploradores del rock nacidos para recorrer en una furgoneta las carreteras secundarias de la América profunda, siempre repletas de historias por contar. Una noche de embriaguez emocional con Dr. Dog en el estado de Minnesota difícil de olvidar. Pasan las semanas y aquellas canciones mantienen esa instantaneidad de cosa perentoria  y recién sucedida, de melodía terminada de componer hace unos minutos. Porque la autenticidad, para bien o para mal, no pasa desapercibida en estos días.  

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