MIDNITE SPECIAL, “With Broken Bones, Still Alive” (2013)

Artículo originalmente publicado en El Mundo de Tulsa (17 de mayo de 2013)

Portada

Progresión

A las puertas del verano de 2011, los futuros Midnite Special se juntan para sus primeros ensayos. Pocos días después de haber sondeado un puñado de ideas musicales llega el parón estival, que durará hasta septiembre. Con la incertidumbre que provoca la distancia, pero con la ilusión de mantener vivo el sueño, Midnite Special hace las maletas nada más haber dado unos pasos.

 El reencuentro se produce casi en octubre, y Nacho Quintero [voz y guitarra], David Alonso [guitarra y coros], Daniel Dilla [bajo], Jacobo Naya [hammond, guitarra, piano], y Guillermo Santiso [batería], pronto empiezan a trabajar de lleno con ideas concretas: canciones situadas en algún lugar del camino que va desde la vida en la ciudad hasta los refugios naturales donde poder escapar. En febrero de 2012 el grupo decide grabar una parte de esas ideas, y, aunque en un principio no hubo una clara intención de que los temas se publicaran, los buenos resultados hacen que así sea finalmente. De esta manera ve la luz “On the Menu”, una demo casera grabada y producida íntegramente por Midnite Special. Guitarras con tintes americanos y medios tiempos coloreados de matices sonoros, nos conducen por calles empapadas de gente, a través de la soledad de los márgenes de la carretera y bajo neones que anuncian: Midnite Special.

 On the Menu abre las puertas al grupo para hacer tres conciertos en Madrid en las salas Gruta 77, Taboo, y Moby Dick respectivamente. Es en este último donde llaman la atención de Ramiro Nieto (The Right Ons) y Martí Perarnau (MUCHO), quienes proponen a Midnite Special grabar en Lower Side Studio material nuevo y hacer una revisión de On the Menu. Así, en febrero de 2013, Midnite Special vuelve al estudio para grabar un EP de cuatro temas que se publica, en mayo, con el título “With broken bones, still alive”.

With Broken Bones, Still Alive

 “With broken bones, still alive” toma en mayo de 2013 el relevo de On the Menu, primera demo grabada por Midnite Special. Este EP, que incluye dos temas inéditos y la revisión de otros dos que ya sonaban en el primer trabajo de la banda, significa un gran paso adelante en la evolución musical del grupo: las guitarras con sonido americano siguen siendo reconocibles, pero ahora encontramos también en primer término capas sonoras de psicodelia o atmósfera y asistimos, por otra parte, a un mayor protagonismo de canciones más directas (como las nuevas “The Clover” o “Dance with Death”) en detrimento de los medios tiempos que marcaron On the Menu.

Grabado y mezclado en Lower Side Studio entre Febrero y Marzo de 2013, producido por Ramiro Nieto y Martí Perarnau, y masterizado por Mike Quinn (Eli Paper Boy Reed, Franz Ferdinand, Gigolo Aunts) en Boston, USA,

 With broken bones, still alive ofrece un sonido más compacto, contundente, y cercano a la identidad sonora de Midnite Special. En esta última, no obstante, siguen presentes los referentes que han movido a tantas generaciones a sentir devoción por la música: desde Neil Young hasta Pink Floyd y pasando por artistas contemporáneos como Ryan Adams o Tame Impala.

 “With broken bones, still alive” es un refugio para caminantes.

Presentación de su nuevo EP With Broken Bones, Still Alive, sábado 18 de mayo a las 22 horas en El Perro de la Parte de Atrás del Coche

Cartel del concierto

Por Luis Cornago

Y a pesar de que la lluvia parece encaminada a posponer la llegada de esas tardes veraniegas, Midnite Special pone al descubierto sus nuevas canciones este próximo sábado en la capital; quizás ellos, deudores de una imaginería sonora que no se caracteriza precisamente por su liviandad -desde el Neil Young que te resquebraja, hasta las vaporosas armonías vocales de Love, sin olvidarnos de los Dawes más evocadores-, se manejen mejor lidiando con la soledad de unas calles empapadas. Con las tormentas que logran hacer claudicar a los sangrantes semáforos de la discordia. Con los parabrisas cansados, sin adrenalina, que deciden refugiarse en un bar de carretera. Al fondo,  un grupo de cinco músicos que utiliza el rock como pretexto para acariciar numerosos paisajes líricos y sonoros; para vivir en primera persona todo aquello que ya narraban sus distinguidos referentes.

Este sábado día 18 de mayo Midnite Special estará presentando su nuevo EP With Broken Bones, Still Alive en El Perro de la Parte de Atrás del Coche (Calle de La Puebla, 15) a partir de las 22 horas. Para comprar la entrada de manera anticipada, contacta con ellos a través de las redes sociales (Spotify, Bandcamp, Twitter, Facebook)

Entrada anticipada: 5€
Entrada anticipada + EP: 8€
Entrada en puerta: 8€

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Fotografía: Paula Jiménez

JACCO GARDNER, Sala La Boite, Madrid, 14 de abril

Reseña originalmente publicada en El Mundo de Tulsa (24 de abril de 2013)

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Un holandés de 24 años con cara de recién salido del instituto aterrizaba en España a mediados de abril para presentar su primer disco, “Cabinets of curiosities” (Trouble in Mind, 2013), grabado en “The Shadow Shoppe Studio” o lo que es lo mismo: su propio hogar, situado en Zwaag, a unos 40 minutos al norte de Ámsterdam. Es en este lugar donde se ha gestado la evocadora colección de 12 canciones que conforman su primer LP, en el que Jacco Gardner se ha encargado, además de ejercer de productor, de tocar todos los instrumentos -harpiscordio, clarinete, mellotrón, teclados, cuerdas- que aparecen en el disco, a excepción de la batería, por Jos van Tol. Y aunque Jacco Gardner no haya inventado nada nuevo, tampoco nos cabe duda de que ha facturado una reliquia anacrónica de incuestionable valor, a través de un pop barroco repleto de psicodelia, acicalado de unos arreglos magistrales, que se combinan (o contrastan) con armonías esponjosas (o sinuosas, punzantes). No resulta demasiado complicado emplazar al holandés como deudor manifiesto de una época: la segunda mitad de los 60 y la primera de los 70, con la emergencia de grupos británicos y americanos que pretendían ir más allá del pop, introduciendo la lisergia psicodélica o algunos tintes barrocos, como es el caso de los Pink Floyd de Syd Barret (el comienzo de “Clean the air”), The Zombies, la escena Canterbury más próxima al recientemente fallecido Kevin Ayers o incluso los Beatles de “Revolver” -con canciones como “Tomorrow Never Knows”, que podrían encajar en el universo Jacco Gardner- en Gran Bretaña, o el caso del Brian Wilson de “Pet Sounds”, Van Dyke Parks, The Left Banke o el exquisito folk-pop psicodélico de Love en Norteamérica.

Tras dos noches, la del viernes en Miranda de Ebro (Burgos) y la del sábado en Hondarribia (Guipúzcoa), de toma de contacto con el territorio ibérico, Jacco Gardner y los suyos luchaban no sólo contra las dificultades para llenar la Sala Boite que suponía su recién comenzada andadura musical, sino también frente a otro escollo añadido: el hecho de tratarse de un domingo.  Sin embargo, tal y como pudimos comprobar con Ron Sexsmith en la Sala El Sol a finales de febrero -aquella era una noche gélida; ésta una de las primeras que te dejaba prescindir de la parca-, no son los domingos un lastre para esos ávidos melómanos que suelen concurrir en este tipo actuaciones.

Con un Jacco Gardner en el centro del escenario, ataviado con un sombrero que le permitía refugiarse en su mundo onírico y una bufanda de rayas que hacía resaltar su inocencia, rodeado de sintetizadores, clavicordios, pedales y demás artilugios sonoros difíciles de apreciar, se ponía en marcha lo que sería una hora y media de atmósferas de ensueño, de viajes a ninguna parte por carreteras secundarias e imágenes perversas; de contrastes sonoros y emocionales. Jos van Tol (batería), Keez Groenteman (guitarra acústica) y Jasper Verhulst (bajo) se entendían sin apenas esfuerzo con el líder del grupo, y la banda en su conjunto se percibía especialmente engrasada pese a su juventud. En la primera canción, “Cabinet of Curiosities”, evidenciaron ya que sus directos pretenden aportar algún valor añadido con respecto al disco, alargando algunas de las canciones, y recurriendo sin tapujos a la épica, gracias, principalmente, a la polivalencia de Jacco y sus envidiables dotes para el saber hacer sobre el escenario, que ya deja entrever en la sutil producción del álbum. Sonaron después otros cortes del disco, como “Clean the air” -en el estribillo nos acordamos de esos jóvenes australianos que tanto están dando que hablar, Tame Impala, también muy influenciados por Syd Barret-, “Watching the moon”, con ecos a los Beatles que aparecerían a partir de “Revolver”. Otras, como “Lullaby”, comienzan prácticamente a capella, con unas melodías vocales que nos trasladan a Fleet Foxes. Sin embargo,  conforme avanza esta canción se adentran en sonidos más experimentales, para acabar viendo a un Jacco Gardner ensimismado en sacar a relucir el sonido perfecto a sus instrumentos, introduciéndonos con ellos -con ese viento que no para de soplar, y unas imágenes proyectadas que inundan el momento de terror- en un final de canción muy evocador, donde hubo espacio hasta para que el baterista experimentase con el triángulo. “Chameleon” representa también su vertiente menos psicodélica; esta ausencia de psicodelia es común a las últimas cuatro canciones del álbum (“Help my out”, “Summer’s Game”, “Chameleon” y “The Ballad of Little Jane”), más cercanas al pop de canciones de The Beach Boys como “I’m Waiting For The Day” o “Caroline, No”, ya no sólo por las estructuras más sencillas, sino también por un sonido muy característico de los órganos, e incluso unas melodías más nítidas y refinadas.

Después de “Chameleon” vendría el rutinario parón, para volver con un bis de dos canciones al escenario, y despedirse del público de la capital con una versión del productor y músico británico Billy Nicholls, “Always on my Mind”, con la que se refirmarían en un pop con menos artificios que el que habían mostrado a lo largo de la noche, pero muy apropiado como colofón final; para hacernos recordar que, a pesar de disfrazar sus canciones con instrumentos revival poco habituales en la actualidad, Jacco Gardner es un amante de la canción pop, en todas sus variantes, como lo eran todos sus ídolos, a los que antes mencionábamos. Aún es pronto para realizar pronósticos, pero los hechos (y sus canciones) dejan un mensaje patente: su potencial, a día de hoy, es enorme. Y está por explotar.

NACHO VEGAS, Teatro Lara, Madrid, 3 de abril

Nacho Vegas

Reseña originalmente publicada en El Mundo de Tulsa (8 de abril de 2013)

Haré que el sol salga mañana desde aquí,
y por una vez seré la más bella ciudad,
y seré ballena en altamar,
y seré la noche al descender.
Y por una vez seré una luz y una canción,
y seré la esfera de un reloj que no tiene agujas.

“Reloj sin manecillas”, o un ineludible halo de esperanza dentro del turbulento universo que inunda la discografía -(o) biografía- de Nacho Vegas.  Aparenta el gijonés, según el relato de “En mi nueva vida”, conocer el camino a seguir; sin embargo, todavía no es el momento. Y es que, aunque la propuesta actual de Vegas dista notablemente de la crudeza integral de trabajos como “Actos inexplicables” (Limbo Starr, 2001) y “Cajas de música difíciles de parar” (Limbo Starr, 2003), recurrir al cine de Mike Leigh no es, casi nunca, garantía de júbilo y alborozo, sino más bien de todo lo contrario: fotogramas de la realidad social más desalentadora, a través del relato exhaustivo de lo sombrío; familias disfuncionales, muy alejadas todavía de los anhelos postmaterialistas. Leigh, como si de un trabajo de campo se tratara, utiliza sus filmes como catalizadores de las vicisitudes propias de los desheredados, esa working-class británica sin recursos para descarriar el maldito tren que les dirige inexorablemente hacia el padecimiento irreparable.

“Sólo nos convertimos en quienes realmente somos mediante la negación radical de lo que han pretendido hacer de nosotros” afirmaba  el francés Sartre como arenga destinada a despertar en los obreros la voluntad de desclasarse;  aserción que funciona a la perfección para explicar la génesis -frustraciones y contradicciones- de los personajes propios de los complejos mundos de Leigh y de Vegas, o de otros coetáneos, como el director de cine finlandés Aki Kaurismäki,  o el francés Robert Guédiguian.

Mucho de lo anterior, salvando las distancias, lo encontramos en el arranque de la gira “La vida es dulce”, homenaje musicado a la filmografía  de Mike Leigh  realizado en colaboración con el Laboratorio de Creación Abycine. Con los músicos formando un semicírculo, y  el protagonista situado como uno más en el extremo derecho del tablado, comienza la velada. Se proyectan extractos de “Naked”, con un diálogo donde ironía y aflicción se entremezclan a partes iguales. Mientras, una canción instrumental inédita nos pone a todos sobre aviso: nada de estribillos pegadizos, nade de alegrías, la del miércoles iba a ser una noche difícil de digerir, de descarnadas melodías, de violonchelos punzantes, de dicción pausada y esquiva. Los músicos miran también a sus pantallas, colocadas de espaldas al público, para que ellos mismos se sientan parte de la historia. “Secretos y mentiras”,  una de la películas más aclamadas de Leigh y único tema que los espectadores habían podido escuchar ya en su versión de estudio, viene sellada por la estampa de Timothy Spall, encarnado en Maurice Purley, con el rostro desencajado en una lúgubre habitación, recriminando a las tres personas que más quiere el odio que se profesan. De fondo, la música continua, ejerciendo de giraluna en el extrarradio. “Todo o nada”, película del británico que da título a la canción, es uno de los mejores cortes adaptados para este homenaje, con el clarinete fúnebre y nostálgico del polifacético Abraham Boba, y un minimalista aderezo. Es también el propio Spall el que protagoniza la escena: se sincera ahora con su mujer (Lesley Manville), contra la que arremete por haberle dejado de querer. Después de una versión de “Échame a mí la culpa”, de Albert Hammond, con ecos al Nacho Vegas más fronterizo y un violonchelo de excepción, se hace notar sobre el escenario la particular magia del malogrado Daniel Johnston. Aunque ya había venido presentándola en directo durante el último año, “Ciudad vampiro”, inspirada en la canción del músico de culto estadounidense “Devil Town”, sigue sorprendiendo por la fidelidad de la crónica, un retrato integral de su ciudad, Gijón, que podría aplicarse a muchas de las ciudades (no sólo a las industriales) de nuestra época. De fondo, y como no podía ser de otra manera, Lesley Manville interpreta en la película más reciente del autor, “Another Year” (2010),  a una mujer quebradiza incapaz desde hace ya mucho tiempo de atinar su rumbo. Después vendría “Indefenso”, con la que pondrían punto y final al evocador homenaje al director de cine británico.

Tras un efímero parón, y una canción en solitario de Vegas acompañado de su guitalele, la banda al completo volvería para interpretar cuatro canciones del repertorio habitual del asturiano. Sonaron en este último tramo “Cosas que no hay que contar”, “La plaza de la soledad”, “La gran broma final” y, a modo de despedida, el reivindicativo himno “Cómo hacer crac”.

Iniciaba el texto haciendo referencia a una posible nueva etapa, más vitalista y luminosa, en la discografía de Vegas. Sin embargo, esos versos radiantes de la canción “Reloj sin manecillas”, parecen valer menos para el músico que la novela homónima de Carson McCullers. “Reloj sin manecillas” nos remite a su vez al título de la última novela que publicó en vida la escritora estadounidense Carson McCullers, retratista de excepción del deep south de los Estados Unidos de mediados del siglo XX. Y si nos adentramos en su literatura, donde el realismo más urbano es atenuado por una poética de lo más sugerente, y en su biografía, muy marcada por las enfermedades crónicas y una bisexualidad incomprendida -y perseguida- por la conservadora sociedad norteamericana de la época, no podemos más que retractarnos de nuestro argumento inicial. Y este homenaje a Leigh no hace más que reafirmar el equívoco inicial. Nacho se encuentra cómodo en esa posición privilegiada, de la que seguramente reniegue,  de cronista urbano de las desdichas y adversidades contemporáneas. Y cada vez más adeptos. Nacho Vegas como pandemia viral. Suena, cuando menos, interesante. Nos volveremos a ver, que diría Andrés.

Sonando: The Rock of Ages  de Magnolia Electric Co.

Mejores discos nacionales de 2012

Lista de Spotify: Mejores discos nacionales. Por Luis Cornago Bonal (@LuisCornagoB)

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1. Xoel López “Atlántico” ESMERARTE

Dijo adiós al business -y de paso a Deluxe- y se exilió en Sudamérica. Saber despedirse cuando estás en lo más alto nunca es fácil, pero Xoel tenía talento e independencia (esa que siempre mantuvo intacta) de sobra para hacerlo. Con “Atlántico” (Esmerarte, 2012) deja atrás en la medida de lo posible a los Beatles y su arraigado deje anglosajón, para adentrarse en las raíces del folk sudamericano, tomando a Gilberto Gil y Caetano Veloso como referentes de inestimable calidad. En definitiva, un disco redondo, en el que el coruñés se aproxima con naturalidad a un sonido popular y tradicional que ya nos venía presentando en algunas de las canciones de sus últimos discos con Deluxe. Un disco redondo en el que, sin ser rupturista, inicia una nueva etapa. Impredecible, eso sí, hablando de Xoel López.

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2. Templeton “El murmullo” CUAC MÚSICA

Se mencionaban aquí ecos al “Summerteeth” (1999) de Wilco en la canción que cierra el último disco de Templeton, “Vestido de diablo”, y me atrevería a decir que “El Murmullo” es el “Summerteeth” que el indie patrio se merecía desde hace un tiempo. Templeton, o los chicos que cualquier madre (a primera vista) querría para su hija, parecen decantarse por un sonido en este último trabajo, sin perder esa heterogeneidad que les caracteriza. Pop desacomplejado (“Miedo de verdad y en condiciones”,  “Sabe mejor”), sin olvidarse de la americana music (“El caminante”) y sus orígenes: esas cañas del “chamizo”, que siempre sabrán mejor.

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3. McEnroe “Las orillas” SUBTERFUGE RECORDS

“Agosto del 94”, “Arquitecto” o “Paris, enocre” son historias de las que el oyente no se olvidará fácilmente. Y lo consiguen, remitiéndonos, a través del  shoegaze y el folk-pop más onírico, a un pasado donde brillaba la inocencia.

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4. Silvia Pérez Cruz “11 de noviembre”  UNIVERSAL

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5. Julián Maeso “Dreams are gone” SONY

6. Partido “Leaving all behind” WARNER MUSIC SPAIN

7. Mishima “L’amor feliç” WARNER MUSIC SPAIN

8. Stay “The fourth dimension” SUBTERFUGE RECORDS

9. Soledad Vélez “Wild fishing” ABSOLUTE BEGINNERS

10. Antònia Font “Vostè és aquí” ROBOT INNOCENT

11. Pájaro “Santa Leone” HAPPY PLACE

12. The Faith Keepers “Leap of Faith” DELICIAS DISCOGRÁFICAS http://thefaithkeepers.bandcamp.com/album/leap-of-faith-promo-tracks

13. Coffee& Wine “From the ground” P&C MANDERLEY MUSIC

14. Toundra “(III)” ALOUD MUSIC

15. Alondra Bentley “The garden room” GRAND DERBY RECORDS

16. Maika Makovski “Thank you for the boots” WARNER MUSIC/OUTSTANDING RECORDS

17. Manolo Tarancón “Reflexiones” LA VIEJITA MÚSICA/LA MONTAÑA http://manolotarancon.bandcamp.com/album/reflexiones

18. Mañana “Se acabó la rabia” SELLO SALVAJE

19. The Free Fall Band “Elephants never forget” LAV RECORDS/BUENRITMO

20. Havalina “H” ORIGAMI RECORDS

Mejores discos internacionales de 2012

Lista de Spotify: Mejores discos internacionales de 2012.  Por Luis Cornago Bonal (@LuisCornagoB)

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1. The Mastersons “Birds Fly South” NEW WEST RECORDS

Mi reseña de su último disco tras el click (http://hyperbole.es/2013/03/the-mastersons-mas-necesario-que-nunca/)

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2. Beachwood Sparks “The Tarnished Gold” SUB POP

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3. Father John Misty “Fear Fun” BELLA UNION

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4. Dry the River “Shallow Bed” RCA RECORDS

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5. Sharon Van Etten “Tramp” JAGJAGUWAR

6. Tame Impala “Lonerism” MODULAR

7. M Ward “A wasteland companion” BELLA UNION/MUSIC AS USUAL

8. Chuck Prophet “Temple Beautiful” YEP ROC

9. Jens Lekman “I Know What Love Isn’t” SECRETLY CANADIAN

10. Jack White “Blunderbuss” THIRD MAN RECORDS, XL RECORDINGS

11. Patterson Hood “Heat Lightning Rumble in the Distance” ATO

12. Bill Fay “Life Is People” DEAD OCEANS

13. Calexico “Algiers” CITY SLANG

14. Band of Horses “Mirage Rock” COLUMBIA

15. Fiona Apple “The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do” EPIC RECORDS

16. Redd Kross “Researching the Blues” MERGE RECORDS

17. The Wave Pictures “Long Black Cars” MOSHI MOSHI RECORDS

18. Andrew Bird “Break It Yourself” BELLA UNION/MUSIC AS USUAL

19. The Raveonettes “Observator” BEAT DIES RECORDS

20. Damien Jurado “Maraqopa” SECRETALY CANADIAN

Otros discos que deberían formar parte de la lista:

Neil Halstead “Palindrome Hunches” BRUSHFIRE RECORDS

Simone White “Silver Silver” HONEST JOHN’S RECORDS

Woods “Bend Beyond” WOODSIST

Colorama “Good Music” ANALOGUE ENHANCED DIGITAL (AED)

Richard Hawley “Standing In The Sky’s Edge” PARLOPHONE

JOSH ROUSE, Sala Moby Dick, Madrid, 9 de marzo

Reseña originalmente publicada en El Mundo de Tulsa (12 de marzo de 2013)

GIFs: Íñigo Cornago (@ICornago)

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Josh Rouse ha vuelto, cuando muchas eran las voces que, tras una deriva creativa con visos de decadencia con “El Turista” (Bedroom Classics, 2010) y  “Josh Rouse and The Long Vacations” (Bedroom Classics, 2011), se mostraban reticentes a la idea de que el ingenioso músico estadounidense volviera a facturar álbumes del nivel de “1972” (Rykodisc, 2003) o “Nashville” (Rykodisc, 2005). Con “The Happiness Waltz” (Yep Roc, 2013) Josh transmite un bienestar inusual mediante un discurso congruente en el que parece decir adiós a la mayor parte de los problemas vitales, algo de agradecer en tiempos en los que la palabra bonanza (económica o no) nos remite a otra época.  Y es que Josh se agarra en esta última entrega a su familia, con la que vive en Altea desde hace unos siete años, para pronosticar un futuro estimulante (en “It’s good to have you”) y homenajear la cotidianidad de unos días, y un entorno, que (ahora sí) tienen veinticuatro horas. La vuelta de uno de los exponentes del pop más preciosista está muy vinculada también al retorno de Brad Jones (Ron Sexsmith, Yo La Tengo, Chuck Prophet) como productor,  con el que ya había trabajado en discos como “1972”, “Nashville” o “Subtitulo” (Nettwerk Records, 2006), el cual, tras haber producido los dos últimos discos de Quique González o “Tiny Telephone” (Mushroom Pillow, 2007) de los desaparecidos The Sunday Drivers, parece mostrar una querencia especial por España.

Era la del sábado una noche más de fútbol, y eso se hacía notar en el clásico bar irlandés situado junto a la Moby Dick. Poco debió importarles a Josh Rouse y su banda de acompañamiento, The Long Vacations, formada en esta nueva gira por dos de los músicos habituales de Alondra Bentley -a quien Josh Rouse ha producido su último disco, The Garden Room (Gran Derby Records, 2013)-, Chema Fuertes (guitarra y voces) y Cayo Bellveser (bajo y voces). Robert Di Pietro, antiguo acompañante de Norah Jones importado desde Nashville, se encontraba en la batería.

Su indumentaria (boina, camisa verde, y zapatillas Nike) admitía entrever que, desde la primera canción, la vecindad iba a ser, junto a la finura, una herramienta de distinción. El arpegio del principio de “A lot of magic”, con la que dio comienzo el concierto, establecía en que  parámetros nos moveríamos durante la siguiente hora y media: pop adulto, de aspecto liviano y melodías gráciles, especialmente en lo que se refiere a las canciones de su último disco, con un poder considerable para hacerte partícipe de esos estribillos de picnic en familia. Tras interpretar la vitalista “It’s good to have you”, llegarían dos corte más de “The Happiness Waltz” (2013), “This movie’s way too long”, muy en la línea de un disco como “Nashville” (2005), y “Julie (Come Out of The Rain)”, una de las canciones que mejor definen la  propuesta actual de Josh Rouse: si Crosby, Stills, Nash & Young se reunieran para grabar nuevas canciones, una canción muy similar a ésta podría ser su single.

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La banda sonó especialmente compacta a pesar de ser el tercer concierto de la gira, con especial mención a la elegancia y sobriedad de Chema Fuertes en la guitarra eléctrica. Con la irrupción de “It’s the Night Time”, con referencias al “Who Do You Love” de Bo Diddley incluidas y primera canción de la noche no perteneciente al último álbum, se hizo irrebatible que el público estaba disfrutando de la velada tanto como los músicos. “I will live on islands” revela la vertiente más tabernera y festiva de su discografía, a la que más tarde daría continuación con “Hollywood Bass Player”, si bien es cierto que ésta última recuerda más al country-pop propio de “Sky Full of Holes” (Yep Roc Records/Warner Music, 2011), último disco de los neoyorquinos Fountains of Wayne, o al alt-country del trío de Minnesota Semisonic.

Conforme avanzó el concierto, pudimos disfrutar también de momentos más reposados, con la introspectiva y sutil “Flight attendant”, de “1972” (2003), o la insuperable “Sad Eyes”, probablemente la canción más redonda de toda su discografía, en la que las emociones afloran con una facilidad envidiable, escudadas en el sentimentalismo y la épica de un final del que uno no puede, por mucho que lo pretenda, no formar parte.

Después de despachar la mayor parte de las canciones de “The Happiness Waltz” (las últimas, “Simple Pleasure”, “The Happiness Waltz”, “Our Love” y “The Western Isles”), Josh Rouse y los Long Vacations tenían vía libre para ejecutar algunos de los temas que mejor funcionan en directo. Sonaron minutos antes del bis canciones como “Sweetie”, “Quiet Town” -su “Seven Nation Army” particular-, “Love Vibration” o “1972”. Canciones que a pesar de caracterizarse por la delicadeza, son a veces salpicadas por retazos del blue eyed soul, de Marvin Gaye,  e incluso de grupos de sonidos ambientales, como The Whitest Boy Alive, compuesto por, entre otros, Erlend Øye, cantante y guitarrista de Kings of Convenience.

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Después de un brevísimo descanso, tanto músicos como público todavía tenían fuerzas para más. Con “Sunshine” y “My love has gone” el de Nebraska demostró que en sus canciones las evocaciones y los sentimientos de dolor pueden ir (o no) más de la mano que nunca. Con “Winter in the Hamptons” y “Come back” se despedían de la capital, haciéndonos ver que no hacen falta pretenciosas puestas en escena ni utilitaristas distorsiones para hacer pasar a la espectadores una agradable noche de sábado. El saber hace de Josh Rouse y los Long Vacations es incuestionable,  así como su envidiable estado de forma.  Y es por eso, y por todo lo anterior, por lo que seguiremos pendientes de sus próximos pasos. Ahora que lo tenemos tan cerca, no podemos dejarlo escapar.

Sonando: A Long, Cold Night in Minneapolis de Dead Man Winter

ELLIOTT BROOD, Sala Copérnico, Madrid, 14 de febrero

Reseña originalmente publicada en El Mundo de Tulsa (20 de febrero de 2013)

La primera gira de los canadienses Elliott Brood por el viejo continente determinó en gran medida la temática de las historias que se esconden tras su último trabajo, Days Into Years (Paper Bag Record, 2011), con el que recayeron en Madrid el pasado jueves.  Quizás los recuerdos y evocaciones de esa gira, y más concretamente de sus trayectos costeando las playas de Francia, devastadas por las invasiones militares durante el periodo de la Gran Guerra,  se han visto plasmados también en la madurez global de su último álbum. Esa madurez la encontramos en un sonido más homogéneo que en entregas anteriores, con una aproximación deudora más bien del folk-rock de raíces country que de la esencia bluegrass que desprendían las canciones de su primer EP, Tin Type (2004), o el alt-country de discos anteriores.

Tras un comienzo de velada ejemplar con la presencia sobre el escenario de The Baked Beans In Tomato Sauce Brothers,  emergente grupo madrileño de folk-rock de indudable exquisitez que se encuentra presentando su primer LP, In a stew (2012), recalaron sobre el escenario los  componentes de Elliott Brood, Mark Sasso (voz, guitarra, banjo, armónica y ukelele), Casey Laforet (voz, guitarra, ukelele y bass pedals) y Stephen Pitkin (batería, sampler y segundas voces). Con la primera canción, “Back of the Lost”, demostraron su capacidad para la creación de atmósferas oníricas, y su versado manejo de la épica, a través de una voz, la de Mark Sasso, completamente desgarrada, potente y repleta de matices. A partir de la segunda canción, “Lines”,  perteneciente a su último disco, y a pesar de los problemas técnicos que persistieron durante la mayor parte del concierto, todo fue más fácil: pocos Oh Oh Oh hicieron falta para meterse al (sorprendentemente joven) público de la Sala Copérnico en el bolsillo. Para homenajear a los hombres solitarios -loosers, dirán algunos- del día de San Valentín creyeron conveniente interpretar “Without Again”,  valiéndose además de la armónica y el banjo, que aportaban a la grabación que aparece en Mountain Meadows (2008) un colorido más folkie, vitalista y festivo.

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Después de haber atrapado a un público volcado y activo desde los primeros momentos del concierto, aprovecharon el ecuador para presentar algunas de las canciones más introspectivas de Days Into Years (2011), sin dejar de recurrir a esa épica que manejan sin caer en obviedades más que patentadas, esa que formaciones actuales, como Mumford & Sons, han menoscabado, haciendo de ella su bandera. Sonaron a partir de aquí canciones como “Hold you”, una de las que mejor representa el nuevo disco de Elliott Brood y la canción más completa del mismo, “If I Get Old”, de melodías gráciles y propósitos cercanos a las aproximaciones al pop de grupos como Blue Rodeo o The Mastersons, o “Lindsay”.

Tampoco el parón provocado por la avería del amplificador Fender de Mark pudo ralentizar el ritmo frenético que había decretado la banda desde el comienzo, incrementando todavía más la intensidad tras este paréntesis. Fue en esta última parte de la noche cuando Elliott Brood rindieron homenaje a sus orígenes, versionando “Old Dan Tucker”, canción popular norteamericana popularizada por Bruce Springsteen en “We Shall Overcome: The Seeger Sessions”(2006), y transportándonos con ella a cualquiera de las actuaciones de Lucia Micarelli, Steve Earle y tantos otros en la serie de televisión Treme, producida por la omnipresente HBO y dirigida por el afamado David Simon.  Después sonaron canciones como “The Valley Town”, con despliegue de ukeleles incluido, y “Write It All Down for You”, muy ideográfica de la vertiente más jovial por la que discurre la discografía del grupo (y el concierto en sí mismo), inteligentemente ubicadas como antesala del final glorioso y conmovedor que estaba por venir. “Miss you now” fue el adiós perfecto, en el que por un momento pareció asomar al escenario un Jeff Tweedy imberbe acompañado de Jay Farrar, o lo que es lo mismo, Uncle Tupelo. No fue así, y Mark, Casey y Stephen continuaron con lo que es su propósito hasta el final. Un propósito que definían así en la entrevista que David Moreu les realizó para la revista Ruta 66 (Febrero, 2013): “El espíritu de nuestros temas es muy simple y nos gusta escribir canciones que la gente pueda cantar y bailar”.

Sonando: Parece Mentira de Quique González